Imagina no ver el sol durante semanas, rodeado de un paisaje blanco y helado. En el Ártico, donde la noche polar dura hasta meses, los efectos sobre el sueño pueden ser sorprendentes.
Aunque la oscuridad incesante puede desajustar el ritmo circadiano, muchos habitantes del Ártico afirman dormir mejor durante este periodo.
La calma y el aislamiento parecen inducir un descanso más profundo, como indica Esther Berelowitsch, residente de Inari, Finlandia, quien disfruta de una calidad de sueño superior durante la noche polar.
Sin embargo, la falta de luz solar afecta a algunos, causando el trastorno afectivo estacional (TAE), que trae consigo síntomas como tristeza y cansancio.
¿Qué podemos hacer para hacerlo más llevadero?
A pesar de esto, estudios recientes muestran que una mentalidad positiva hacia el invierno puede marcar la diferencia en la experiencia del sueño.
Las personas que aceptan y disfrutan de las actividades invernales, como el esquí o pasar tiempo en familia, reportan un mayor bienestar.
El cambio estacional también afecta la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. En lugares como Tromsø, Noruega, donde la noche polar dura seis semanas, los niveles de melatonina aumentan significativamente, lo que puede causar fatiga por las mañanas.
Sin embargo, investigaciones sugieren que un entorno iluminado suavemente puede ayudar a ajustar el reloj biológico, mejorando la calidad del descanso.
El ejercicio, en particular al aire libre durante las pocas horas de luz, también favorece el ciclo de sueño. Para los habitantes del Ártico, la clave está en adaptarse a los ritmos naturales de la estación, ajustando horarios y hábitos de vida, algo que podemos aplicar para mejorar nuestro sueño en cualquier época del año.
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