El estado de Texas enfrenta el peor brote de sarampión en 30 años. Hasta el momento, hay más de 250 casos confirmados en todo el país, 223 de ellos en Texas, y dos muertes.
La crisis ha expuesto la debilidad del sistema de salud en las zonas rurales. En donde 64 de los 254 condados carecen de hospitales y 25 ni siquiera tienen centros de salud primarios.
Las comunidades más afectadas son las del oeste del estado, caracterizadas por su baja densidad poblacional y la presencia de grupos como los menonitas, que suelen desconfiar de la medicina moderna.
La falta de infraestructura ha obligado a los profesionales de la salud a improvisar espacios para aislar a los pacientes, retrasando diagnósticos y aumentando el riesgo de propagación del virus.
Además, la respuesta efectiva al brote se ve obstaculizada por el auge del movimiento antivacunas, que ha reducido las tasas de inmunización por debajo del umbral necesario para la inmunidad de rebaño.
El gobierno incremento las acciones tras la primera muerte
El gobierno de Texas ha tardado en responder, intensificando las acciones solo tras la primera muerte infantil. Recientemente, se han enviado 27 especialistas a la zona y se ha iniciado una campaña de concienciación para promover la vacunación.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) también han intervenido para rastrear el origen del brote.
A pesar de los esfuerzos, los expertos advierten que contener el virus será difícil debido a su alta contagiosidad y a las carencias estructurales del sistema de salud pública de Texas.
La crisis recuerda los estragos de la pandemia de COVID-19 y subraya la urgente necesidad de fortalecer los servicios de salud en las comunidades rurales.
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