La investigación médica forzada y la experimentación con seres humanos fue uno de los capítulos más atroces del régimen nazi liderado por Adolf Hitler. Durante esa época, se realizaron pruebas con patógenos, toxinas y medicamentos en judíos, prisioneros de guerra, sintis y romaníes, personas con discapacidad y otros grupos perseguidos. Muchas víctimas fueron sometidas a congelación controlada, esterilización forzada, selección y asesinato.
Ahora, por primera vez, existe una base de datos pública y sistemática que documenta a las víctimas y los experimentos. El proyecto ha sido impulsado por la Academia Leopoldina de Ciencias y Humanidades y la Sociedad Max Planck, institución que durante la era nazi tuvo como predecesora a la Sociedad Kaiser Wilhelm, cuyos científicos también participaron en investigaciones con cuerpos de víctimas de asesinatos masivos.
Más de 16.000 perfiles documentados
La nueva base de datos ya cuenta con 16.000 perfiles detallados de víctimas y más de 13.000 registros de personas cuyo destino todavía no ha podido investigarse de forma concluyente. En ella se incluyen nombres, datos biográficos, los experimentos a los que fueron sometidos y las instituciones involucradas.
Racismo como justificación y pocas consecuencias legales
De acuerdo con la Comisión Lancet sobre Medicina, Nacionalsocialismo y el Holocausto (2023), más de 200 instituciones en Alemania y Europa participaron en los crímenes médicos nazis. Muchos médicos justificaron sus acciones con argumentos raciales, aplicaron esterilizaciones forzadas, programas de eutanasia y selecciones masivas.
Solo unos pocos profesionales fueron procesados tras la guerra, mientras que otros pudieron continuar sus carreras casi sin consecuencias.
El legado en la ciencia después de 1945
Tras la caída del régimen, parte de los datos de los experimentos fueron utilizados en la investigación científica sin un análisis crítico sobre su origen. Información sobre tolerancia al frío, efectos de antibióticos o del gas fosgeno apareció publicada en revistas médicas y fue utilizada durante décadas.
Incluso, en los años 80, científicos de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) consideraron emplear resultados de experimentos nazis con gas fosgeno como base para nuevos estudios, aunque finalmente desistieron tras protestas internas.
Además, colecciones neuropatológicas y muestras de órganos de víctimas se usaron con fines docentes e investigativos hasta bien entrada la década de 1990, cuando empezaron a realizarse enterramientos y revisiones gracias a la presión social.
Una memoria que sigue viva
Según la profesora Sabine Hildebrandt, de la Facultad de Medicina de Harvard, el impacto de esas investigaciones sigue presente en manuales y conocimiento médico actual. Por ello, no basta con clasificar y contextualizar, sino que es necesario dar nombre a las víctimas y reconocer su sufrimiento.
La Comisión Lancet subraya que, aunque el nazismo representa el ejemplo más estudiado de transgresiones médicas, la experimentación forzada con seres humanos ocurrió también en contextos coloniales y en otros países, como Japón, que aún no ha asumido públicamente esa responsabilidad.




