Durante mucho tiempo se pensó que el dolor era solo una respuesta temporal a una lesión o estímulo, como una quemadura o una fractura.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature demuestra que el dolor puede convertirse en un estado prolongado del cuerpo y del cerebro, incluso cuando la causa original desaparece.
Investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Florida identificaron un grupo de neuronas Y1R en la región parabraquial lateral del cerebro, que funcionan como “centinelas del dolor”.
Estas células permanecen activas incluso cuando el estímulo doloroso ha pasado, lo que sugiere que son clave en el mantenimiento del padecimiento crónicamente.
El equipo de científicos combinó técnicas avanzadas, como registros de actividad neuronal, modelos computacionales y transcriptómica espacial, para mapear con precisión las neuronas Y1R y su interacción con otros circuitos relacionados.
El hallazgo abre la puerta a tratamiento para enfermedades crónicas
Descubrieron que estas neuronas no son esenciales para el dolor agudo, sino que modulan el estado emocional y corporal del dolor persistente, afectando la ansiedad, el insomnio, la concentración y el ánimo de quienes lo padecen.
Además, el estudio halló que la señalización del neuropéptido Y (NPY) puede regular la actividad de las neuronas Y1R, lo que indica que factores fisiológicos como el hambre o el estrés podrían reducir temporalmente la sensación de dolor.
Este descubrimiento, abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas para enfermedades crónicas. Como la fibromialgia, la neuropatía diabética o el dolor postoperatorio persistente.
Aunque la investigación se realizó en ratones, los expertos consideran que comprender estos circuitos cerebrales puede ser clave para desarrollar analgésicos más efectivos y tratamientos innovadores para el dolor crónico en humanos.




