El hígado graso metabólico, conocido como MASLD por sus siglas en inglés, se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública en México. Se estima que cerca de la mitad de los adultos presenta algún grado de acumulación de grasa en el hígado relacionada con alteraciones metabólicas, como resistencia a la insulina, niveles elevados de triglicéridos, presión arterial alta u obesidad.
El hígado es un órgano fundamental que metaboliza nutrientes, depura sustancias tóxicas, sintetiza proteínas y regula procesos clave del organismo.
Sin embargo, cuando empieza a acumular grasa y a inflamarse, no envía señales de alarma. “El hígado no duele. Puede pasar una década sin que la persona lo note”, explica la Asociación Mexicana de Hepatología.
Por ello, la falta de síntomas es uno de los mayores riesgos: muchos pacientes reciben el diagnóstico cuando la enfermedad ya avanzó hacia fibrosis o cirrosis.
La población mexicana tiene más riesgo de sufrirlo
La población latina —y particularmente la mexicana— enfrenta un riesgo mayor, según estudios de instituciones en Estados Unidos como la Universidad Emory y el Centro Médico UT Southwestern.
Entre las causas destacan predisposición genética debido a variantes del gen PNPLA3, resistencia a la insulina más frecuente y factores socioeconómicos que dificultan el acceso a atención médica oportuna. A esto se suma un estilo de vida cada vez más sedentario, dietas con exceso de harinas refinadas, alimentos ultraprocesados, azúcares y consumo regular de alcohol.
Aunque suele asociarse al sobrepeso, el MASLD también afecta a personas con peso normal. La mala calidad del sueño, el nivel de estrés y una alimentación desordenada también pueden detonarlo.
La buena noticia es que la enfermedad es reversible en etapas tempranas. Ajustes en la dieta, reducción o eliminación del consumo de alcohol, aumento de actividad física y controles médicos periódicos son claves para frenar su progresión. Los especialistas recomiendan realizar estudios de laboratorio y ultrasonido incluso en ausencia de síntomas, especialmente en personas con factores de riesgo metabólico.




