Tras el fuerte Sismo de magnitud 6.5 registrado este 2 de enero de 2026, miles de personas en México recurrieron a la tradición popular: comer un pedazo de pan. El Sismo generó una respuesta inmediata de estrés en la población. Por ello, la recomendación de «comer un bolillo para el susto» volvió a circular masivamente. Esta práctica, muy común en la Ciudad de México, tiene una explicación científica que va más allá de un simple mito gastronómico.
La explicación de la UNAM sobre el bolillo y el Sismo
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha analizado este fenómeno cultural en diversas ocasiones. Los expertos explican que, ante un evento estresante como un Sismo, el cuerpo humano entra en un estado de alerta. Durante este proceso, el organismo secreta adrenalina y cortisol. Como consecuencia, el sistema digestivo se detiene temporalmente y se produce una acumulación de ácidos gástricos en el estómago.
Por esta razón, ingerir un alimento sólido como el bolillo ayuda a estabilizar los niveles de glucosa en la sangre. Además, la consistencia del pan permite absorber el exceso de jugos gástricos. No obstante, los especialistas aclaran que cualquier carbohidrato simple tendría un efecto similar. Sin embargo, la tradición mexicana ha posicionado al bolillo como el remedio predilecto por su accesibilidad y bajo costo.
Beneficios psicológicos del consumo de pan
Más allá de la reacción química, existe un componente psicológico fundamental al comer tras un Sismo. La acción de masticar ayuda a liberar tensión y distrae la mente del evento traumático. Asimismo, compartir este hábito con otras personas fomenta un sentido de comunidad y apoyo social inmediato. Por lo tanto, el bolillo funciona como un placebo efectivo que reduce los niveles de ansiedad en los minutos posteriores a la sacudida.
Finalmente, es importante recordar que, si bien el pan ayuda, no sustituye la atención médica en casos de crisis nerviosas graves. Mientras tanto, las autoridades recomiendan mantener la calma y seguir los protocolos oficiales de protección civil. Sin duda, la cultura mexicana seguirá encontrando consuelo en sus tradiciones, integrando el conocimiento científico con las costumbres populares más arraigadas.




