El pan, uno de los alimentos más antiguos y populares del mundo, ha sido injustamente culpado de contribuir a enfermedades como diabetes y obesidad.
Sin embargo, especialistas en nutrición, como Fabián Cuenca, académico de la Universidad del País Vasco, destacan que su consumo moderado puede ser parte de una dieta equilibrada y saludable.
Mitos sobre el pan y la salud
Según Cuenca, las ideas de que el pan “engorda” o “causa enfermedades” son mitos infundados. Enfermedades como la diabetes tipo 2 o la hipertensión no son consecuencia directa del consumo de este alimento, sino de factores multifactoriales como genética, sedentarismo y dietas desequilibradas.
Además, tipos como el integral pueden aportar fibra, vitaminas y minerales esenciales que benefician la salud cardiovascular.
¿Qué pan es mejor?
La diferencia entre el pan integral y el blanco es clave. El integral, elaborado con el grano completo, es rico en fibra y nutrientes como hierro, magnesio y zinc, mientras que el pan blanco, hecho con harinas refinadas, pierde gran parte de estos beneficios.
Además, el índice glucémico del integral es más bajo, lo que ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en sangre y prevenir enfermedades como la resistencia a la insulina.
¿Cuánto puedes consumir?
La cantidad ideal depende de las necesidades energéticas de cada persona. La OMS sugiere entre 250 y 400 gramos diarios, priorizando panes integrales y evitando los ultraprocesados con azúcares añadidos.
Según Harvard, dos rebanadas de pan blanco al día son el límite recomendado para evitar picos de glucosa.
Incluir pan en tu dieta no solo es posible, sino que puede ser beneficioso si se eligen opciones nutritivas y se consume en equilibrio.
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