Si antes el alcohol hacía sentir a las personas más desinhibidas y sociables, pero ahora provoca mareos, cansancio y fuertes dolores de cabeza, no es casualidad.
Especialistas coinciden en que, con el paso de los años, el cuerpo enfrenta mayores dificultades para metabolizar el alcohol, lo que intensifica sus efectos y prolonga las resacas.
J. Leigh Leasure, investigadora sobre alcohol de la Universidad de Houston, explicó que a medida que envejecemos el organismo descompone el alcohol con mayor lentitud, lo que eleva la concentración en la sangre.
¿Cuáles son los factores que influyen?
Uno de los factores clave es la pérdida de masa muscular, que comienza alrededor de los 30 años. El músculo contiene más agua que la grasa, por lo que al reducirse disminuye la capacidad del cuerpo para diluir el alcohol, explicó Mollie Monnig, investigadora de la Universidad de Brown.
Este aumento en la concentración de alcohol puede afectar funciones como el habla, la memoria, el juicio y la coordinación, además de incrementar la probabilidad de resacas intensas.
En el caso de las mujeres, el efecto suele ser mayor debido a que, en promedio, tienen menos masa muscular que los hombres.
Otro factor determinante es el envejecimiento del hígado. Con el tiempo, las enzimas encargadas de procesar el alcohol pierden eficiencia, lo que hace que los efectos se sientan más rápido y duren más. Además, enfermedades hepáticas como la acumulación de grasa en el hígado pueden agravar el problema.
A esto se suman las interacciones con medicamentos, más comunes en adultos mayores, y la menor capacidad para eliminar subproductos tóxicos del alcohol, como el acetaldehído. La deshidratación y una peor calidad del sueño también intensifican los síntomas posteriores al consumo.
Ante este panorama, especialistas señalan que beber después de los 40 implica un mayor costo físico. “Es algo más que hay que manejar”, resumió Leasure, al advertir que incluso cantidades moderadas pueden tener efectos más notorios que en la juventud.




