Se termina la Navidad, comienza un nuevo año y, para muchas personas, llega también uno de los bajones emocionales más notorios. Enero no solo es conocido por la “cuesta” económica posterior a las fiestas.
Sino también por concentrar una sensación generalizada de tristeza y melancolía que se ha popularizado con el concepto de Blue Monday. Considerado el día más triste del año y que suele caer en el tercer lunes del mes.
Sin embargo, esta sensación no se limita a una sola fecha. De acuerdo con Noelia Romero, instructora de mindfulness y colaboradora de Petit BamBou, existen diversos factores que explican por qué enero suele vivirse como un mes emocionalmente pesado.
Los factores son muchos y variados
Uno de ellos es el contraste entre la presión social por ser feliz en Navidad y la realidad personal de muchas personas. Lo que puede acentuar sentimientos de nostalgia, ausencia o duelo.
A esto se suma el trastorno afectivo estacional, relacionado con la falta de luz solar y las bajas temperaturas.
Durante el invierno, se altera el ritmo circadiano, aumenta la producción de melatonina y disminuye la serotonina, lo que puede influir directamente en el estado de ánimo.
Además, la vuelta a la rutina tras las fiestas puede generar estrés, ya que el organismo pasa de un periodo de flexibilidad a uno de mayor exigencia y control.
La presión por establecer objetivos para el nuevo año también juega un papel importante. La idea de que enero es el momento “ideal” para cambiar puede provocar frustración si las metas no están claras.
Finalmente, la inestabilidad económica tras los gastos decembrinos incrementa la sensación de incertidumbre.
Para afrontar este bajón, la especialista recomienda prácticas como la meditación, el autocuidado, mantener hábitos saludables, regular las emociones y priorizar actividades que generen bienestar, recordando que cualquier momento del año es válido para empezar de nuevo.




