Hígado graso: señales para detectarlo a tiempo

La esteatosis hepática puede avanzar sin síntomas. Analíticas, ecografías y factores metabólicos ayudan a identificarla.

El hígado graso, también llamado esteatosis hepática, ocurre cuando se acumula grasa dentro de este órgano.

La enfermedad suele avanzar silenciosamente durante sus primeras etapas. Algunas personas presentan cansancio, malestar digestivo o pesadez en la zona superior derecha del abdomen.

Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos del padecimiento. Muchos casos se descubren mediante análisis sanguíneos o una ecografía solicitada por otra causa.

El riesgo aumenta en personas con sobrepeso, diabetes tipo 2, resistencia a la insulina, triglicéridos elevados, hipertensión o colesterol alto.

El consumo frecuente de alcohol también puede causar acumulación de grasa y lesiones hepáticas, aunque su origen y evaluación clínica son diferentes.

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¿Cómo detectar y controlar el hígado graso?

Las transaminasas ALT y AST ayudan a evaluar el funcionamiento hepático. No obstante, pueden permanecer normales aunque exista acumulación de grasa.

Por eso, el diagnóstico considera antecedentes médicos, exploración física, análisis e imágenes. La ecografía abdominal suele utilizarse como una prueba inicial.

En determinados pacientes, el médico puede solicitar una elastografía para medir la rigidez del hígado y buscar posibles señales de fibrosis.

El tratamiento suele incluir cambios sostenidos en alimentación, actividad física y peso corporal. No existe un único alimento que elimine la grasa hepática.

La Asociación Estadounidense para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas recomienda limitar azúcares añadidos, grasas saturadas y carbohidratos refinados.

También aconseja consumir verduras, frutas enteras, legumbres, pescado, frutos secos y cereales integrales dentro de un patrón similar a la dieta mediterránea.

Perder entre 5% y 10% del peso puede reducir la grasa, inflamación y fibrosis, según la condición de cada persona.

Además, se recomiendan al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, adaptado a las capacidades y antecedentes médicos individuales.

Las personas con transaminasas elevadas, diabetes, obesidad abdominal o dolor persistente deben solicitar una valoración profesional.

Este contenido es informativo y no sustituye el diagnóstico médico.

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Lora Helmin

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