La deficiencia de vitamina D se ha convertido en un problema de salud relevante, especialmente en entornos urbanos donde la exposición al sol es limitada. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022, más de un tercio de la población adulta mexicana presenta niveles bajos de este nutriente esencial.
El especialista Felipe Vadillo Ortega explica que la vitamina D es fundamental para la absorción del calcio y la formación de huesos fuertes, especialmente en niños en crecimiento y adultos mayores. Además, cumple un papel clave en la regulación del sistema inmunológico, ayudando a controlar respuestas inflamatorias.
La principal fuente de esta vitamina es la exposición a la radiación solar, ya que el cuerpo la produce al recibir rayos ultravioleta B. Sin embargo, el estilo de vida actual —con largas jornadas en interiores— limita esta producción natural, lo que incrementa el riesgo de deficiencia.
Las consecuencias pueden ser graves
En niños, niveles muy bajos pueden provocar raquitismo, una condición que debilita los huesos y afecta el crecimiento. En adultos, especialmente mayores de 50 años, aumenta el riesgo de osteoporosis, lo que facilita fracturas incluso ante caídas leves.
Además, la falta de vitamina D puede agravar enfermedades autoinmunes como el lupus, debido a su impacto en la respuesta del sistema inmunológico.
Para prevenir estos riesgos, los especialistas recomiendan una combinación de exposición solar moderada y alimentación adecuada. Bastan entre 15 y 20 minutos diarios de sol para estimular la producción de vitamina D. También se aconseja consumir alimentos ricos en este nutriente, como pescados grasos (salmón, atún, sardina), lácteos, yema de huevo y champiñones.
La actividad física también juega un papel importante, ya que ayuda a mantener la salud ósea, especialmente en adultos mayores. Incluso caminatas cortas diarias pueden marcar una diferencia significativa.
Grupos como niños, mujeres embarazadas, personas en lactancia y adultos mayores requieren especial atención, ya que son más vulnerables a los efectos de la deficiencia.
Especialistas coinciden en que mejorar los hábitos cotidianos y reforzar la prevención es clave para reducir el impacto de la deficiencia de vitamina D en la salud pública.




