Seguramente te ha pasado: estás en casa con varias personas, pero los mosquitos parecen picarte únicamente a ti. La explicación popular suele ser que tienes la “sangre dulce”; sin embargo, esta afirmación no cuenta con respaldo científico.
La razón es más compleja. El cuerpo humano libera una combinación única de señales químicas, térmicas y metabólicas que funciona como un mapa de navegación para estos insectos.
Las hembras son las únicas que pican porque necesitan las proteínas, el hierro y los aminoácidos presentes en la sangre para que sus huevos maduren. No se alimentan de ella para sobrevivir diariamente, pues tanto hembras como machos obtienen energía del néctar, la savia y los jugos de frutas.
Después de ser fecundada, la hembra busca un hospedero, que puede ser una persona, un ave u otro mamífero. Tras ingerir la sangre, localiza un recipiente o cuerpo de agua donde pueda depositar sus huevos y completar su ciclo reproductivo.
Los mosquitos machos, por su parte, no pican a humanos ni animales. Su aparato bucal no está adaptado para perforar la piel y se alimentan exclusivamente de fuentes vegetales.
¿Por qué los mosquitos pican más a algunas personas?
Los mosquitos eligen a sus víctimas guiados principalmente por el dióxido de carbono que exhalan, el olor producido por la piel y sus bacterias, así como por la temperatura corporal.
El dióxido de carbono funciona como una señal a distancia. Las personas que expulsan una mayor cantidad, ya sea por su metabolismo, tamaño corporal o actividad física, pueden ser detectadas con mayor facilidad.
Cuando el mosquito se aproxima, el olor de la piel adquiere mayor importancia. Las bacterias cutáneas descomponen sustancias presentes en el sudor y producen compuestos volátiles que varían de una persona a otra.
Investigaciones difundidas por la Universidad Johns Hopkins han relacionado las concentraciones elevadas de ácidos carboxílicos en la piel con una mayor atracción de mosquitos. Estos compuestos forman parte de la huella química individual que los insectos utilizan para localizar a un posible hospedero.
El calor también influye. Los mosquitos poseen termorreceptores capaces de identificar pequeñas variaciones de temperatura. Una piel más caliente o la dilatación de los vasos sanguíneos periféricos puede indicarles dónde realizar la punción con mayor facilidad.
La ropa es otro factor. Los colores oscuros, como el negro, destacan en el campo visual de algunas especies y pueden volver a una persona más fácil de localizar, sobre todo después de que el insecto ha detectado el dióxido de carbono.
En cuanto al grupo sanguíneo, algunos ensayos entomológicos han encontrado una mayor preferencia por las personas con sangre tipo O frente a aquellas con tipo A. No obstante, el tipo de sangre no actúa por sí solo: el olor corporal, el calor y la respiración tienen un peso importante en la elección.
Las mujeres embarazadas también pueden recibir más picaduras. Durante la gestación aumenta la temperatura corporal, cambia el metabolismo y se modifica la mezcla de compuestos liberados mediante la piel y el aliento.
A este conjunto de sustancias se le conoce como “volatiloma”. Sus variaciones pueden convertir a una persona en un objetivo más detectable para el sistema sensorial del mosquito.
El consumo de alcohol podría producir un efecto similar. La cerveza, por ejemplo, puede modificar temporalmente el metabolismo, la temperatura y el olor corporal. Un estudio realizado durante un festival de música en Países Bajos observó que quienes habían bebido cerveza resultaron 44 por ciento más atractivos para los mosquitos, aunque esta respuesta puede variar entre individuos.
Los repelentes ayudan a interrumpir esta cadena de rastreo. Sus compuestos interfieren con los receptores sensoriales del insecto y dificultan que identifique las señales emitidas por el cuerpo humano.
El aceite de eucalipto limón, cuyo componente repelente activo es el PMD, también puede reducir las picaduras al alterar la percepción de los compuestos volátiles de la piel. Sin embargo, debe utilizarse en productos formulados para ese propósito y siguiendo sus instrucciones.
Comer azúcar no vuelve la sangre más atractiva para los mosquitos. La verdadera explicación está en la combinación particular de respiración, temperatura, bacterias y sustancias químicas que cada cuerpo libera de manera involuntaria.




