Cada año, alrededor de 400 mil niños y adolescentes desarrollan cáncer en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
La enfermedad representa una de las principales causas de muerte entre personas de cero a 19 años.
Los tipos más frecuentes cambian según la edad. Entre los niños predominan las leucemias, los tumores cerebrales, el neuroblastoma y los tumores de Wilms.
En los adolescentes aparecen con mayor frecuencia los linfomas, el cáncer de huesos y el cáncer de tiroides.
La leucemia afecta las células sanguíneas y la médula ósea. Los tumores cerebrales forman masas dentro o cerca del cerebro.
El neuroblastoma comienza principalmente en tejido nervioso inmaduro. Puede localizarse en glándulas suprarrenales, cuello, tórax o médula espinal.
Diagnóstico temprano mejora las posibilidades de curación
Las causas de la mayoría de los cánceres infantiles continúan sin conocerse.
A diferencia de algunos casos en adultos, pocos cánceres pediátricos están relacionados con hábitos personales o factores ambientales.
Algunas infecciones crónicas pueden aumentar el riesgo. Entre ellas están las asociadas al VIH, virus de Epstein-Barr y el parásito del paludismo.
Además, cerca del 10% de los menores con cáncer presenta una predisposición genética, de acuerdo con los datos disponibles.
La OMS señala que, generalmente, el cáncer infantil no puede prevenirse. Tampoco suele detectarse mediante estudios de tamizaje aplicados a toda la población.
Por ello, reconocer posibles señales y buscar atención médica oportuna resulta fundamental.
La fiebre persistente, el dolor intenso de cabeza, los dolores óseos y la pérdida de peso pueden representar señales de alerta.
Cuando la enfermedad se detecta temprano, aumenta la probabilidad de responder favorablemente al tratamiento.
El diagnóstico oportuno también puede reducir el sufrimiento y permitir terapias menos intensivas o costosas.
En países de ingresos altos, más del 80% de los niños con cáncer logra curarse.
En muchas naciones de ingresos bajos o medianos, esa proporción permanece por debajo del 30%.
La brecha refleja problemas de diagnóstico, acceso a medicamentos, abandono del tratamiento y falta de servicios especializados.




